viernes, 6 de enero de 2012

Julio Castro y CMM - IV


Un almuerzo en Barcelona a fines de 1977 


Ángel Rama: "cargado del ominoso clima uruguayo" 
CMM "nos cuenta de la muerte de Julio Castro"


30 de diciembre de 1977 [Barcelona]

Almorzamos con Carlos Martínez Moreno, a quien ayer encontramos por azar en una librería (a mis espaldas una voz conocida pregunta por el libro de Bataille sobre el mal). Más decidido a quedarse en España después de una llamada telefónica de su mujer que está en Montevideo y que vendría con su hijita en Marzo. Cargado del ominoso clima uruguayo, nos cuenta de la muerte de Julio Castro[1], de la persecución a los abogados, de las mil sevicias del régimen. Es un chorro furioso de historias mientras come vorazmente y transpira. No está aquí aún: sigue allá debatiéndose y a través de sus cuentos es la razón humana la que está siendo violentadas sin cesar, esa razón a la que él le confiere fuerza y lo preserva de la desintegración que acecha en estos tiempos de represión kafkiana, Noticias de escritores: Visca[2], progresando en el régimen, Etcheverry[3], transmutado en obediente ministro, el mismo [Mario] Benedetti, con quien almorzó en Madrid, transformado en funcionario cubano. Las iglesias por doquier y cada vez menos individuos que piensan. Desdicha general de la América Latina.
La tortura como un incidente cotidiano. Presume que Julio Castro se les murió en esas prácticas; ya a los cinco días de su detención se dijo al abogado y a la mujer que no estaba en ninguna dependencia militar y policial y cuando el Goyo Álvarez[4] llegó a su nuevo cargo militar (había sido compañero de Julio) y a pedido de ellos había viajado a Buenos Aires dos días antes de la nominación del general Álvarez, quién evidentemente quiso deslindar su responsabilidad en un caso tan atroz. Según Carlitos lo único que querían saber era la complicidad del embajador de México[5] (el anterior ya no está en el cargo) en el trasiego de correspondencia a opositores (presuntas cartas de Quijano a Julio Castro) no se sabe para qué, si acaso para inculpar al gobierno mexicano de interferencia en asuntos uruguayos.

(…)

Carlos Martínez Moreno procura la publicación de un libro de cuentos[6] (uno fue premiado en la Universidad de Puebla, México) tropezando con la apatía editorial en tema latinoamericano y el poco entusiasmo que Carmen [Balcells] pone en escritores que no le redituan buenos dividendos económicos. Critica duramente el último libro[7] de Mario Vargas que considera en un nivel de Corín Tellado y que tan por debajo está de su anterior producción. Es la opinión generalizada: le cuento, lo que nos decía Gabo [García Márquez] en Caracas estimando que Mario ya sólo apostaba al número de ejemplares de la tirada.

6 de enero de 1978.

Almorzamos auer en casa de Carlos [Rama], con Martínez Moreno y la sobremesa se prolonga hasta la noche recayendo obligadamente en el Uruguay. Carlos Martínez Moreno es una portentosa colección de historias a cual más macabra o irracional sobre la represión militar, las que cuenta toda precisión (fechas, nombres, articulación narrativa) y con una gozosa pasión literaria: son casos del código penal en la boca de un gran penalista, que me hacen pensar en Flaubert y que C.M.M. maneja tanto para informar de la dictadura militar como para construir su literatura.
Lo exhortamos a que se consagre por un año, aquí, a escribir sobre todo ese material. Por su condición de abogado defensor dispone de un material asombroso y de un conocimiento interno de lo ocurrido. Y, cosa que me parece tan importante como eso, de una perspectiva equilibrada, atenta y cordial para sus protagonistas pero a la vez consciente de los errores que permite la mejor restauración de la verdad histórica.
Cuenta una historia que le apasiona, a la que querría consagrar una novela[8], que es la de la estancia Espartaco que les servía de pantalla a los tupas. En ella habían construido un gran refugio (berretín o tatucera) que por azar descubrió un peoncito rural buscando un animal extraviado. La comunidad debate qué hacer con ese pobre muchacho y concluye resolviendo su muerte, para la cual se relama la presencia de un practicante que viene de Montevideo y que no lo conoce, quien le inyecta pentotal hasta matarlo. Descubiertos posteriormente y torturados, confiesan el hecho e indican dónde fue enterrado y quién lo ejecutó, el que es detenido y condenado. Carlitos evoca el precedente de Sartre (Les mains sales) pero yo recuerdo a Dostoiewsk (Los demonios, Crimen y castigo) y en general el drama de los movimientos revolucionarios debatiendo entre fines y medios (Koestler). Es un tema terrible: ¿en qué consiste una moral revolucionaria y en qué medida la hace, fuera de los precedentes y tradiciones, la circunstancia concreta y límite que se vive, ante la cual la conciencia se opaca por la perspectiva idealista y utópica de los fines?
La tarde angustiosa, a pesar del brío y la alegría con que Martínez Moreno cuenta, se distiende con la hilarante historia de cómo Mario Arregui[9] se hizo prender después que Gladys Castelvecchi[10], su ex mujer, fuer detenida por actividades gremiales ilícitas, para ser también preso de la dictadura y reivindicar su calidad de comunista que en el departamento de Flores queda encubierta por la de rico estanciero y de hombre portentosamente cordial y campechano.

Larga atención al proyecto de una Marcha[11] en el exilio, que también le interesa al gordo. Le cuento el año entero que tuve con Quijano en 1976 para persuadirlo del proyecto, sus reticencias y su situación en México. Él cree que podría convencerlo, pero yo soy escéptico después de mis diálogos con él y de las objeciones que a la idea formulaban Ardao y Pepe Quijano, el hijo. A los dos Carlos les interesa ese proyecto mucho más que el de la revista de libros que ahora propone Alsina y son conscientes de que Quijano se sentiría fortalecido con nuestro respaldo, mucho más que con la similar propuesta que le hicieron [Carlos María]  Gutiérrez, [Mario] Benedetti, [Ernesto] González Bermejo, en una carta que don Carlos me mostró en México, dada nuestra mayor afinidad intelectual e ideológica con sus posiciones.
Quizá ya sea tarde para Quijano (tiene 77 años) pero de todos los ex integrantes, sólo Martínez Moreno podría tomar las riendas de una Marcha en el exilio, pues a su prestigio y capacidad periodística une un abanico amplio de sectores de opinión que lo respetan: los ultras que antes le eran tan críticos, se han silenciado en vista de su tarea denodada de defensor de presos políticos.


[1] Julio Castro, periodista y pedagogo uruguayo. Con Carlos Quijano integró el grupo fundador de Marcha en 1939 y ejerció la subdirección del semanario. En 1977 fue secuestrado por los militares y desde entonces integra la nómina de los desaparecidos.
[2] Arturo Sergio Visca, crítico y ensayista uruguayo. Durante la dictadura militar dirigió la Biblioteca Nacional.
[3] José E. Etcheverry, profesor y crítico literario uruguayo. Fue Ministro de Cultura durante la dictadura militar.
[4] Se refiere al general Gregorio Álvarez, que fue, durante la dictadura militar, comandante en jefe del Ejército y luego Presidente de la República.
[5] Se trata del embajador Vicente Muniz, quien recibió en la embajada de México a cientos de uruguayos perseguidos por el régimen.
[6] El libro es  Animal de palabras, finalmente publicado en Montevideo en 1987 por la editorial Arca. El cuento que recibió el premio de Puebla en 1977 es “La Máscara”.
[7] El libro que Maria Vargas Llosa publicó en 1977 fue  La tía Julia y el escribidor (Seix Barral).
[8] Martínez Moreno escribió finalmente en México la novela que incluye esta historia. Es El color que el infierno me escondiera y recibió el premio Proceso – Nueva Imagen de México en 1981.
[9] Mario Arregui (1917 – 1985), cuentista uruguayo, miembro de la generación del 45. Entre otros libros publicó Hombres y caballos, La sed y el agua, El narrador, La escoba de la bruja, Ramos generales. Estuvo preso durante ocho meses en 1977.
[10] Profesora y poeta uruguaya, autora de  Fe de remo, Ejercicios de castellano, Claroscuro, Calendarios, entre otros títulos. Estuvo presa entre 1976 y 1979.
[11] Finalmente Carlos Quijano publicó en México los Cuadernos de Marcha hasta su muerte en 1984. Rama fue uno de los colaboradores de la nueva publicación.
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Fuente: 
Rama, Ángel (Peyrou, Rosario; ed.)
Angel Rama. Diario 1974 – 1983
Ed. Trilce -  Fondo editorial La Nave va
Caracas, 2001.

Julio Castro y CMM - V


Martínez Moreno, Carlos
“El color que el infierno me escondiera”,
México DF. 1981.

Julio y la niñez del General


E io: “Maestro, i tuoi ragionamenti mi son sí certi e prendon
sí mia fede, che li altri mi saríen carboni spenti.

Dante, Inferno, Canto XX.


Un desaparecido político no va sustrayéndose gradualmente a nuestra presencia, como si fuera un ahogado en el inútil, frustráneo trance de salvarse. No hay remolinos en que una cabeza se sumerja, no hay turbiones en que un brazo aparezca y gire, no estamos –distantes e impotentes – asistiendo en la correntada de un río, un ahogado en la sobremesa de un picnic.
Esa misma agua que lo guarda hasta mañana, que lo devolverá –edematoso, mordisqueado por los peces- en el ribazo más plácido o enganchado a las rocas, no se lo ha llevado verdaderamente nunca.
Siempre sabes, aunque no dónde, aunque no cuándo. Allí estamos, anochece mientras caminamos a la orilla del río y atisbamos el horizonte cada vez más oscuro, y se hincha y se vuelve enorme e impenetrable la sombría masa del mara pero el náufrago es parte de su fauna y mañana podremos recogerlo.
El desaparecido político de nuestras historia –en cambio- cae ya muerto desde su fábrica de tortura, desnudo, roto y mutilado a veces, ligado a un bloque de cemento o amarrado con alambres por pies, muñecas o rodillas.
Puede haberse ahogado en una poza siniestramente pequeña, en el bidón del submarino donde se la ha echado a que se asfixie o a que confiese, tanto da, no se sabe con cuál fin primordial, con qué objetivo verdadero. Si resiste y sale y enseguida declara, tal vez viva. Si no aguanta y le estallan los pulmones y muere, empezará el otro viaje, el de su desaparición política: los argentinos balancean los cadáveres sobre el viento del estuario, los deslizan y dejan caer y golpear desde un helicóptero enmarca, los confían a las corrientes y al destino de las playas más remotas y a la calma final de la tumefacción y el anonimato, a la piedad ambigua, casi sarcástica del entierro abreviado en tierra ajena (nadie sabe quién es nadie, nadie reconoce a nadie, nadie denuncia, nadie reclama).
Esta es la historia del desaparecido político que las corrientes nos allegan, tras hamacarlos contra islotes de resaca, entre escoria del mar y máscaras de légamo. Coreanos muertos en motines de abordo (prenteden) acuchillados en zonas de altamar: coreanos tránsfugas, mercenarios de barcos pesquereos pirtaas, personajes de Cornad. Sí, cualquier sujeto tomado por la hinchazón del mar trae la línea oblícua de los párpados y puede parecer un amarillo a quien no sepa.
El caso de Julio ha sido muy diferente.
El 1º de agosto del 77, un lunes, Julio salió a dar unas vueltas por la mañna de la ciudada, manejando su propio auto. Debía, al cabo de ellas, llegar al entierro de Petit Muñoz en el Buceo, a las once. No llegó. Los límites y las formas de su desaparición eran, pues, confinadamente precisos: alguien había trepado a su coche antes de las once, lo había conminado a conducir o lo había sustituido al volante. Y de ahí en adelante, nada.
Razones para ser cautelosamente optimista, como su mujer prefería serlo: Julio había prometido declarar sus dolencias antes de que lo tocaran. En cualquier momento me les quedo, he tenido ya dos derrames meníngeos, en unos días más tendré sesenta y ocho años.
Frente a tales riesgos ¿qué podrían querer averiguarle? Nada muy importante: Julio había sido maestro en actividad y ya no lo era, peridista en actividad y ya no lo era. Tenía amigos en el extranjero, sí, muchos. En la Unesco, en Venezuela, en Ecuador, en México; en todos estos sitios había actuado.
Los cables comenzaron a llegar en cuanto se filtró la noticia. Pero parece evidente que los milicos no creyeron ni a Julio ni a los cables ni a nadie. Hay ciertas formas de brutalidad que no conciben, en uno mismo y en el prójimo, más que la imagen y los correlatos de la salud. Los quieren, tal vez porque precisan destruirlos. Lo que trataban de arrancarle eran minucias -¿a quién enviaba un casete en el extranjero, quién lo había grabado, quién se lo llevaba?- pero la vida era también otra minucia y no les fallaría, desde que ellos habían desdeñado imaginársela.
Omitieron toda precaución, sumergieron sin más la cabeza de Julio; les falló y aquello no supo tener términos razonables y se llamó muerte. Ahí estaba Julio muerto y los senadores venezolanos preguntaban y la Unesco preguntaba y un día el mismo negro Terence Todman pasaría por acá y se le ocurriría preguntar. Y era imposible concederse frivolidades en la respuesta: la muerte, señores, a veces se da en circunstancias tan fútiles… eso no podían decirlo.
Había que responder que allí no estaba, que nunca había estado entre ellos, que nunca nadie le había hecho hundir la cabeza en el bidón de los fusileros de la marina; había que contestar así y disponer que la camioneta Indio pasase a disolverse en el aire, en el tramo de un solo viaje entre Pocitos y el Puerto: desguazarla.
La esperanza de una mujer colma los bordes de la realidad y acaba por salirse de ellos. Ella se dio a pensar primero en cuarteles más lejanos y Lugo, hacie el fin de la histoira, en formas de cautiverio en el extranjero. Cartas, averiguaciones, intecesión de amigos; nada. Sí, pero hacia el fines de setiembre –en un interinato- el general asumiría, por algún tiempo el cargo de comandante en jefe. Era la gran oportunidad.
Julio había sido su maestro en la última clase de Primaria, en la Escuela Sanguinetti, en la Unión. Maestro de sexto año en la sección de varones, la que ocupa la mitad de la manzana, en la esquina de 8 de Octubre y Felipe Sanguinetti. Y ella, maestra como también había sido, sabía (pensaba que sabía) cómo duran los afectos –y más que los afectos las lealtades- de esos años dorados.
Entre un niño de once años y un general acaso no haya nada en común; cuarenta y cinco años de devastaciones, sólo eso. Julio mismo, a pesar de su larga memoria de niño campesino, sólo podría evocar una túnica blanca, una silueta entre los todavía frágiles paraísos del patio, aquellos tenues paraísos plantados sobre hoyos recién abiertos en el pedregullo rojizo. Hoy eran robustos, pero la imagen del niño de once años no había vuelto a discurrir a su sombra; ni la guerrera del general tampoco. Julio hablaba siempre de él como de un buen alumno: recordaba a un niño, como recuerdan siempre los maestros, y dentro de él, había dejado crecer a un hombre; tienen ese secreto de frescura, de inocencia en la memoria y en la sonrisa los maestros. A veces cachetean cariñosamente un rostro que ya nadie se atreve a tocar, pasan una mano por la crisma de un nió que ya va en camino de convertirse en otro viejo (como el maestro). Julio había vivido mucho y el tiempo jamás habóa llegado a coagularse alrededor de él. Despuñes del niño había visto otros países, vivido en ellos, hecho amigos sin invancia tangible, medido otros años. Ya no tuteaba al general en la presencia única de un escolar perdido, conocía a esos dos seres –distantes el uno del otro- y sería difícil que lograr fundirlos.
Pero ella tal vez sí, sobre todo en el moemtno de tomar su pluma, de razonar su soledad y desesperación de mujer. Señoir Genral: Ustede es un hombre muy importante y yo no soy más que una esposa consagrada a buscar a su marido las veinticuatro horas del día, en la vigilia y en el suelo. Julio despareció hace ya más de un mes y medio sin que yo haya podido saber anda de él ni renunciar a la esperanza de encontrarlo. Prescindo ahora de mis asesores, me dirijo a usted directamente y le pido tan solo unos minutos. Usted no habrá seguramente olvidado a quien fue su maestro de 6to. y con frecuencia lo evocaba. Más de una vez, en estos tiempos en que Usted ocupa posiciones tan expectables, me ha hablado de usted; puedo asegurarle que conservaba, de aquellos años y de su figura, un grato recuerdo. Supongo que Usted estará a tanto de que, desde el 1º de agosto, nada se sabe de mi esposo. Yo pienso que Usted, con los poderes que ahora tiene, podría obtener alguna información y hacérmela llegar. Es todo lo que le pido. Es todo lo que le pido, con el título de los muchos años transcurridos y de los puros y limpios afectos propios de la época que invoco.
Había buscado, expresamente, no suscitar la emoción. Y asimismo eludir a los secretarios, a los edecanes, a los asistentes, a los abridores de cartas que no llegan. Que fueran unas pocas líneas sobrias y que con toda certidumbre cayeran en sus manos.
Esa misma noche el teléfono sonó y el jefe de Policía aparecía directamente en él, sin telefonistas ni anunciadores. Un coronel: se autopresentó con grado, nombre y funciones.
-Señora, usted ha enviado una carta al Señor comandante en Jefe.
-Si señor, en la tarde de hoy, hoy mismo.
-Y el Señor Comandante en Jefe me ha llamado en enseguida: está muy preocupado. Asumió su cargo recién ayer y desconoce totalmente el caso que usted le plantea…
-¿Qué lo desconoce?
-En sus funciones anteriores nadie tenía por qué comunicarselo…
-Pero en Caracas y en París ya hay quien lo sabe…
-De todos modos, señora, me ha pedido que urgentemente me ponga al habla con usted. Y yo, a mi vez, voy a solicitarle que tenga a bien recibir, esta misma noche, a un funcionario de mi mayor confianza, que irá a visitarla.
El funcionario era un Inspector de Policía y no podía dejar de hacer preguntas.
-¿Denunciaron el hecho en la seccional?
-El mismo día.
-¿Hicieron algo más?
-Presentamos en el Esmaco un certificado médico con la historia clínica de mi esposo, a fin de prevenir sobre los riesgos de su precaria salud; pero aparentemente llegó tarde, porque negaronhaberlo tenido como preso en ninguna de sus dpendencias y me devolvieron el certificado.
-¿Cuándo fue eso?
-El 8 de agosto.
A esta altura, casi a fines de setiembre, el Inspector era partidario de publicar en los diarios un “wanted”, pidió una foto no demasiado antigua, se la llevó.
La foto apareció al otro día; previsiblemente, nadie acudió a suministrar los datos que se pedían. Un par de días después en cambio compareció nuevamente el Inspector de Policía. Traía consigo un legajo, escrito a máquina, caratlado como investigación de rutina, debajo de una tapa de papel crudo. Ella leyó el nombre completo de Julio en esa carátula, abrió el legajo de unas cuantas páginas y lo leyó rápidamente.
La información practicada había dado como resultado establecer que la personaa quein se buscaba había viajado a Buenos Aires, en el avión de la compañía oficial, justamente dos días antes de que el Comandante en Jefe asumiese sus funciones. Tu te vas antes de que yo llegue. Figuraba un número, como el correspondiente de la lista de pasajeros. ¿Podría ella notificarse, tendría la amabilidad de firmar? No se le dejaba copia.
-¿No pensará usted que yo vaya a creerme nada de esto?- dijo ella.
-Yo soy un funcionaro que comunica el resultado de una investigación hecha por otros –se limitó a responder el funcionario, con evidente desinterés de que se le creyese-. Rendía culto al pudor de su credibilidad: rara avis.
-¿Y la camioneta? Preguntó todavía ella. ¿La metieron en las bodegas del avión de PLUNA?
El inspector se encogió de hombros, por toda respuesta.
-Desaparece un 1º de agosto, aparece viajando un veintitantos de setiembre… y de la camioneta no quedan ni rastros. ¿Quién puede creérselo? insistió.
El general opinaba tal vez que sólo un fracasado puede darse el lujo de un ademán de infancia en la edad madura. Solamente un inepto, un hombre en quien el paso de la edad no haya grabado nada: ni obligaciones ni compulsiones ni desencantos ni nuevos recuerdos. En el caso de él, había pasado mucha agua bajo los puentes. Tal vez demasiada. Las convenciones del sistema tenían para él mucho más fuerza y más veracidad que un simple recuerdo de la niñez. Un personaje sabe que se ha buelto importante cuando el sistema que lo encierra ya no le permite condescender a un recuerdo, a un sentimiento a una razón suficiente para enternecerse y actuar, que se le haya quedado enclavada en el pasado. Si se quedó allí es que no sirve. Y en aquel caso, nada más lejos de hoy que los días escolares. ¡Vaya! Sólo un tonto, sólo un tierno, sólo un flojo, sólo un nostálgico perdido. Los días de los bebederos azules, los días de la merienda de Albor, los días de sudar corriendo en los recreos y luego, sobre el mismo toque de campana, formar fila apresuradamente para beberse el tembloroso traguito vertical que saltara del fondo de los cuencos de porcelana, antes de regresar a clase.
A veces la campanilla eléctrica no funcionaba y era Julio quien sacudía la campanilla de mano más pequeña, la de las sanciones, la que interrumpía los juegos y, dándole una secuencia más larga y paradojalmente menos amenazadora, anunciaba el final del recreo.
¿Lo recordaría el general? ¿años de diana y botas y gritos estrangulados y tambor no habrían matado, en su mente, el son de la campanilla?
Julio estaba ya muerto, sin duda; el general no había tenido tiempo de pedir que se lo dijeran en forma oficial –el trámite del asunto, afortunadamente, no había pasado por su despacho-; pero, a esta altura, hacía ya casi un par de meses que lo sabía. ¿Salir ahora a revolver las cosas, a preguntar cómo fue muerto, dónde fue muerto, por quién fue muerto, erizando los celos de la Marina, apenas comenzado él en el cargo? Solo un fracasado o un iluso –dotes que, en todo caso, no servirían a un comandante en jefe- podría salir ahora haciendo esas preguntas, en nombre de esos recuerdos. Julio, por su parte ¿le había pedido acaso permiso para pensar como pensaba, para conspirar como seguramente conspiraba, para querer lo que quería, para actuar como acutaba? El general era una figura dentro de un orden. Julio alentaba en otro muy distinto. ¿Iba a quemarse el general haciendo preguntas en su orden propio, en el mundo donde él contaba para que otros pudiesen enrostrale sentimentalismo y blandura, para que lo tachasen de vacilante y de tibio y de inconfiable y pusilánime según la escala de valores en que verdaderamente lo estuviesen considerando y tuvieran derecho a juzgarlo?
En ese otro extraño mundo, en el mundo de los amigos de Julio, estaba ya irremisiblemente perdido; no se notaba porque ellos, los generales, tenían el poder y la voz y el silencio de los demás y la fuerza. Nada más que por eso Julio estaba muerto, de todas maneras, y –de esar vivo- verosímilmente nunca habría pedido nada semejante.
La desesperación y la fe y el utilitarismo pietista de las mujers eran otra cosa: echar mano de todo, golpear todas las puertas por si alguna –la más inesperada- abriese.
Julio no habría podido engañarse. Y si hubiera consentido en pedirle algo habría sido seguramente para cercarlo más, para abrir la vía –alguna vez, quien sabe cuándo- de exigir cuentas; simplificando por gusto y conveniencia, a fin de seguir viendo en un ficticio trance más, a un niò donde hiciese años ya no hubiera más que un soldado, un guardapolvo en vez de una guerrera, un flequillo infantil en vez de un quepis. Las campanillas escolares no suenan en las cuadras de los cuarteles, ¿a qué querer seguir oyéndolas allí?
Julio ha muerto y algo de lo que él fue llena tarjetas y telegramas donde llueven saludos, condolencias, incredulidades, condenas, preguntas, todavía preguntas.
El general vive; por un año más seguirá siendo comandante en jefe. Luego, en sus días de sol, pensará todavía en el poder; y si el tiempo se nubla, en embajadas. Quién sabe. Tal vez, como en la historia de Rosebud, un día el nombre del trineo se le aparecerá en la murmuración del coma y nadie lo entenderá; y otro día, el día en que rematen su pobre gloria, alguien verá arder el trineo envuelto en llamas. No será un trineo. Será una campanilla y acaso la imagen escolar sólo busque desprenderla de la mano que la agite, para que esa mano no diga nada, no abra sus dedos y no erija su índice a fin de apuntarle y acusarlo: tú, como miembro de un orden, tú como el hombre que una vez tuvo inevitablemente que saberlo y no quiso… tu, el buen alumno.
Pero en este instante no se trata d ela mano de la campanilla sino de la diestra suya, crispada encima del legajo, en su escritorio. Sólo los fracasados, sólo los incurablemente sentimentales, sólo los cobardes reciben órdenes de sus propios recuerdos.
Esa mano viaja hacia la pluma, la esgrime, escribe:
Con lo informado, archívese.
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Transcripto de la edición de "El color que el infierno me escondiera" 
de la Editorial Fin de Siglo, Montevideo 1998. Págs. 175 - 182.

sábado, 5 de noviembre de 2011

CCCMM | Jardín Nº 221 - Creando redes

Alumnos del jardín Nº 221 expusieron sus trabajos en al antigua subestación
Niños del barrio crecen y se expresan

Por segunda vez, los niños del Jardín Nº 221 de Rivera entre Arrascaeta y Solano López, exponen en la antigua subestación.
Esta vez, mostraron sus trabajos y avances en el manejo del cuerpo y sus expresiones gráficas.
En junio de 2009, los niños del Jardín Nº 221 expusieron sus trabajos de reciclaje en el marco del dia internacional del Medio Ambiente. Compartieron esa exposición con trabajos hechos por niños de otro jardín del barrio "Pinochin". Aquella exposición fue promovida por la Comisión de Medio Ambiente del Concejo Vecinal del zonal Nº 7 y fue otra acción del CCCMM por tejer redes que entrelacen a los diversos actores que trabajan a nivel local en la promoción de cultura, identidad y ciudadanía.
Se puede ver algo de la exposición de 2009 en: http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=516468492055941949#editor/target=post;postID=8871342649626368547
Se pueden ver algunas imágenes más de la exposición que se levantará el sábado 5 de julio en nuestro sitio en Facebook:
http://www.facebook.com/media/set/?set=a.303352656343120.90932.262299873781732&type=1



lunes, 29 de agosto de 2011

Segundo aniversario del CCCMM

Apoyos que animan

Nos saludó el Concejo Vecinal del zonal 7
El Concejo Vecinal del Zonal Nº 7 envió al CCCMM un mensaje de felicitaciones por el segundo aniversario de trabajo en la Plaza de los Olímpicos.
A continuación se transcribe la nota de la Mesa del Concejo y la respuesta de la Comisión Ejecutiva del CCCMM.
  • "Seguiremos trabajando juntos"
Por la presente, el Concejo Vecinal del Zonal 7 quiere saludar, felicitar y comunicar su apoyo al Centro cultural Carlos Martínez Moreno en su segundo aniversario de vida.
Seguiremos trabajando juntos y es importante señalar que reconocmeos como concejo el trabajo sostenido, integrador y participativo que el centro ha tenido desde sus inicios hasta el día de hoy y celebramos en conjunto por todos los logros obtenidos, que son muchos y muy interesantes, para el quehacer de nuestra cultural toda.
¡Muchas felicidades!
En nombre del Concejo, saludan muy atentamente, Mario Colotta (Presidente), Víctor Bariani (Vicepresidente), María Noel Parodi (Secretaria general y de Actas), Alicia Airaldi, Blanca Andrade, Arnoldo Laporte y Daniel Echaniz.
Montevideo, 27 de agosto de 2011.

17 de setiembre de 2009. Sesión abierta del Concejo Vecinal Nº 7 en la antigua
subestación de los trolley buses de la Plaza de los Olímpicos, sede del CCCMM.
  • Alegría y compromiso
Estimados Concejales, queridos amigos:
Reciban nuestro sincero agradecimiento por el saludo que nos envían con motivo del segundo aniversario de nuestro centro cultural.
Las valoraciones que han hecho de nuestro trabajo nos llenan de alegría y al mismo tiempo nos comprometen a seguir adelante y con fuerza en la promoción de la cultura, identidad y ciudadanía en el barrio y, a través de él, a la ciudad toda.
Le consta a ese Concejo Vecinal y a su actual Mesa directiva que desde el Centro cultural Carlos Martínez Moreno (CCCMM) hemos cuidado el vínculo con ese organismo y que pusimos a su consideración todos nuestros pasos fundamentales. Una vez andando, hemos ido dado cuenta en forma permanente a ese órgano de nuestros aciertos, nuestros errores y siempre estuvimos a su disposición para lo que entendiera necesario.
Como siempre decimos, el CCCMM es un producto genuino de las políticas de participación y descentralización que se desarrollan en la ciudad desde mediados de los años 90. En esas políticas los Concejos Vecinal son un elemento sustancial y genuino. Las politicas de descentralización y participación han cambiado en los ultimos meses creando nuevas realidades político adminsitrativas (los Concejos Municipales, los municipios).
En esos cambios, los Concejos Vecinales no solo permanecieron sino que han visto fortalecido su rol.
Esa fue la decisión de los legisladores de la ciudad y fortalecer los concejos vecinales en la realidad cotidiana es el trabajo que hay por delante.
Desde nuestro lugar de promotores culturales locales trabajamos siempre en pro de fortalecer la descentralización y la participación en el entendido de que se trata hasta de una nueva fomra de relación entre los ciudadanos y el Estado. En este proceso creemos que los concejos vecinales, y en particular nuestro Concejo Vecinal Nº 7, tienen importantes roles que cumplir y su fortalciemiento será determinante para los desafíos que esta ciudad tiene por delante.
Muchas gracias por estar presentes en este segundo aniversario de nuestro centro cultural,
Reciban un abrazo fraterno,
Por la Comisión Ejecutiva del CCCMM: Cristina Acevedo y Julio Scavino
Montevideo, 28 de agosto de 2011.



jueves, 25 de agosto de 2011

Tejiendo redes

El CCCMM saludó a Unión Atlética en sus 90 años

Sumando amigos y abriendo nuevas
posibilidades para trabajar por el barrio

Para consolidar redes que fortalezcan el trabajo del Centro cultural Carlos Martínez Moreno (CCCMM), el miércoles 24 de agosto de 2011 integrantes de la Comisión Ejecutiva se reunieron con la Comisión Directiva de Unión Atlética.
El 29 de julio de 2011, Unión Atlética cumplió 90 años y ese fue el motivo del encuentro que dejó las puertas abiertas para buscar las posibilidades de trabajo conjunto con esta institución deportiva.
Unión Atlética, está empeñada en "fortalecer la integración social y participativa del barrio, en especial de niños y jóvenes", viene desarrollando un interesante trabajo con las divisiones formativas (las categorías de niños y jóvenes) y están trabajando el tema de la violencia en el deporte. (Veasé http://www.unionatletica.net/el_club.html)
De todos estos temas pueden surgir ámbitos de encuentro y de trabajo posible entre Unión Atlética y el CCCMM.
La pelota ya está en el aire, es cuestión de ponernos a jugar este partido en el cual, seguro ganaremos todos y ganará el barrio.

jueves, 4 de agosto de 2011

Agosto de 2007

Plástica, canto, noche de boliche para festejar el 2º año de trabajo y los talleres y actividades de siempre
Movida la agenda de
agosto de 2011 en el CCCMM

Un agosto bien movido y para cerrarlo; un boliche de festejo por los dos años de trabajo en la plaza de los Olímpicos.
Les acercamos la agenda de actividades y el detalle de las actividades permanentes.


Viernes 5, hora 17.00.
EL CCCMM en el éter… Nos entrevista el escritor Alejandro Michelena en su columna de cultura en Radio Uruguay, 1050 AM. Viernes 5, hora 17.00.

Sábado 6, de 15.00 a 16.00 horas.
Música | Talleres - Iniciación a la flauta gratis y para toda edad, de 15.00 a 16.00 horas
Una oportunidad de explorar la belleza ancestral de los sonidos de la flauta, un instrumento casi tan ancestral como el hombre mismo. La propuesta es de la música y docente Selma Sparano. Contacto: selmasparano@gmail.com y de los teléfonos 26133789 | 095547149
Estas actividad también se realizará los sábados 13, 20 y 27 de agosto.

Sábado 6, hora 18.00.
Canto | 3er. Festival de coros, 2011 - hora 18.00.
Los coros Brisas, La Experimental y del Centro Cultural Misterio antan en la antigua subestación.
El Centro cultural Carlos Martínez Moreno inivita a disfrutar de una tarde de coros, la tercera de 2011, con la música y las voces de: Coro Brisas, que dirige Beatriz Fernández, Coro La Experimental a cargo de Alejandro Barbot y el coro del Centro Cultural Misterio, que dirige Teresa Abin.
El espectáculo es gratuito. Solicitaremos una colaboración (pasaremos el gorro). Sl final, compartiremos un vinito.Los esperamos a todos.

Sábado 13, de 09.30 a 11.00

Plástica | Talleres - Clase abierta de plástica gratuita para niños, de 09.30 a 11.00 horas.
Las plásticas y docentes Fabiana Pelacchi y Alejandra Pereira realizarán una clase abierta sin costo para niños entre 3 y 12 años, en lo que será un espacio para el goce y la creatividad.
Por información comunicarse a los teléfonos 26133793 | 098765620 | 093716578.

Domingo 14
Plástica | Exposición - Ultimo día de “Postura heroica”, del Colectivo Corto.Continúa en la antigua subestación la exposición “Postura heroica”, del Colectivo Corto que integran los artistas Fernando Corbo y Martín Torija.
Los jóvenes plásticos se apropian del “Artigas en la Ciudadela” de Juan Manuel Blanes y generan una rica y provocativa muestra.

Miércoles 17, hora 19.30
Plástica | Exposición - “Nuestro Uruguay”, acuarelas de Luis Sei-Fong
Inauguración: miércoles 17 de agosto de 2011, hora 19.30
Una mirada a lo que somos en la sensibilidad de un hijo de dos culturas.
La muestra permanecerá hasta el 17 de setiembre de 2011.

Sábado 27, hora 21.00
Música | Boliche y toque del dúo “Duro y Parejo”- Celebramos nuestro 2º aniversario - Desde las 21.00.
Los músicos y vecinos Pablo “Pelao” Meneses (voz y percusión) y Leonardo Alonso (guitarra y bajo) recorren la música de Lenine, The Beatles y Mateo y la llevan a su mínima expresión sin que pierda la escencia.
Dicen la de “Duro y parejo” es una propuesta ideal para boliches y con la excusa del segundo aniversario armamos uno.
Habrá mozos y mozas y pediremos una colaboración para los artistas.
Los esperamos a todos para pasar un muy buen rato en la antigua subestación .

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miércoles, 3 de agosto de 2011

Coros en la antigua subestación | sábado 6, hora 18.00

Tres coros en la tercera muestra de coros 2011 en el CCCMM

Los coros Brisas, La Experimental y del Centro Cultural
Misterio cantan el sábado 6 en la antigua subestación

El coro Afrogama en su presentación en el CCCMM en 2010.

El Centro cultural Carlos Martínez Moreno inivita a disfrutar de una tarde de coros, la tercera de 2011, con la música y las voces de: Coro Brisas, que dirige Beatriz Fernández, Coro La Experimental a cargo de Alejandro Barbot y el coro del Centro Cultural Misterio, que dirige Teresa Abin.El espectáculo es gratuito. Solicitaremos una colaboración (pasaremos el gorro).Al final, compartiremos un vinito.
Los esperamos a todos.